lunes 6 de octubre de 2008

Me adhiero al Manifiesto de CEDRO

El valor de los derechos de autor 

Manifiesto de CEDRO en su vigésimo aniversario 

En el vigésimo aniversario de la creación de CEDRO, manifestamos que: 

1. El trabajo de escritores, traductores y editores es una de las bases de la riqueza intelectual de la sociedad. 

2. La dignidad profesional de autores y editores tiene su fundamento en el Derecho de Autor. Es legítima su aspiración a obtener una remuneración por el uso de sus obras, y a que su trabajo creativo se respete y se proteja. 

3. El acceso a la información y a la cultura no puede ni debe realizarse sacrificando los derechos de autor. 

4. Las obras de autores y editores constituyen un valor insustituible para la educación, la formación permanente y la innovación en empresas, organismos públicos y centros educativos. 

5. El sector del libro y de las publicaciones periódicas tiene en España una relevancia estratégica: contribuye de forma significativa al producto interior bruto, a la creación de puestos de trabajo, a la mejora de la balanza comercial y a la generación en el extranjero de una imagen positiva de nuestro país. 

Por todo ello: 

1. Reclamamos a los poderes públicos un decidido apoyo a los creadores de la cultura escrita y una defensa enérgica y activa de sus derechos de autor, para alcanzar los mismos niveles de respeto que existen en otros países europeos. 

2. Demandamos el mantenimiento de la compensación para los autores y editores por la copia privada de sus obras, que se lleva a cabo masiva e indiscriminadamente en una gran variedad de aparatos y soportes. 

3. Instamos a todos los centros de trabajo y de formación en los que se utilizan reproducciones de libros y publicaciones periódicas mediante fotocopia o digitalización, a obtener la autorización previa de los titulares de derechos, tal y como exige la ley, mediante una licencia de reproducción de CEDRO. 

4. Expresamos nuestro compromiso con el desarrollo educativo, científico y cultural español, así como con el necesario progreso de las bibliotecas en nuestro país y con las políticas de fomento de la lectura. 

5. Manifestamos nuestra voluntad de continuar trabajando para consolidar e incrementar los importantes logros obtenidos en los últimos veinte años en materia de reconocimiento de los derechos de autor, de remuneración a autores y editores por la reproducción de sus obras, y de educación a los jóvenes acerca del valor de la creación original, objetivos para los que pedimos la comprensión y la colaboración de la sociedad. 



Madrid, 1 de julio del 2008


domingo 13 de julio de 2008

El Tío de los Bigotes
















¡Impresionante!
¿Quién me iba a decir que Nietzsche era primo hermano de Mister Sloan, el tío de los bigotes?

Un día de estos me voy a dejar un mostacho comme il faut.

Pedro Montalbán Kroebel

domingo 6 de julio de 2008

El niño que debemos llegar a ser.


A propósito de la anterior entrada, El niño que seguimos siendo, dejo aquí el discurso de Las Tres Transformaciones extraído del Así habló Zaratrusta, de Friedrich Nietzsche. No es el texto original, sino una adaptación que incluí en El Último Vuelo, obra de teatro que especula sobre los últimos días de Saint-Exupéry.

Estoy seguro de que el autor de El Pequeño Príncipe -ávido lector y admirador de Nietzsche según le reconoce a su madre en una carta-, se inspiró en este discurso para escribirla.


Y Zaratrusta habla:

Os mostraré las tres metamorfosis del alma: primero la del alma en camello, luego la del camello en león y por último la del león en niño.


Para el espíritu fuerte y resignado, hay multitud de cosas pesadas; su vigor le hace desear cosas pesadas, incluso las más pesadas. “¿Qué hay que sea pesado?”, se pregunta el alma sufrida, arrodillándose como un camello. “¿Qué es lo más agotador? Deja que cargue con ello y así complazca mi fortaleza”.

¿No es lo más gravoso humillarnos para herir nuestro orgullo? ¿O mostrar nuestra ignorancia para burlarnos así de nuestra sabiduría? ¿O alejarnos de nuestra causa en el momento que triunfa? ¿O estar enfermo y despedir al que viene a confortarnos? ¿O amar a quien nos desprecia? Pues con todo esto, que es lo más pesado de todo, carga el alma sufrida; como el camello cargado que se adentra en el desierto. Va en busca de su último amo, de su último dios, decidido a luchar con él, deseoso de pelear con ese gran monstruo y de vencerle. ¿Quién es el monstruo al que el alma no quiere seguir reconociendo como su señor y su dios? “¡Debes!” se llama el gran monstruo. Pero el espíritu del león grita: “¡Quiero!”. “¡Debes!” le impide el paso, brillando como el oro; es un animal cubierto de escamas, en cada una de las cuales brilla el “¡Debes!”. En esas escamas resplandecen valores milenarios, y el más poderoso de todos los monstruos proclama “Ningún “¡Quiero!” debe seguir existiendo.”

¿Por qué creéis, hermanos míos, que es necesario que el alma se transforme en león? ¿Por qué no basta el animal de carga sufrido y respetuoso? El león no es de capaz de engendrar nuevos valores, pero sí puede conquistar la libertad necesaria para esa nueva creación.

Conquistar la libertad para gritarle “¡No!” al deber; para eso hace falta el león. A un espíritu sufrido y resignado, atribuirse el derecho a crear nuevos valores le parece algo horrible: un robo. El alma, que en otro tiempo veneró el “¡Debes!” como lo más sagrado, tiene ahora que descubrir lo que hay de mentira y de injusto hasta en lo más sacro para poder conquistar la libertad de su amor. ¡El monstruo ha muerto! Para esa victoria es necesario el león.

Y ahora, hermanos, decidme: ¿qué puede hacer un niño, que no es capaz de hacer un león? ¿Por qué el fiero león tiene que transformarse en niño? El niño es pureza, inocencia, distracción, un nuevo principio, un juego, una rueda que gira por sí misma, un echar a andar inicial, un venerable decir “sí”. Para el juego del crear, hermanos, se requiere un venerable decir “sí”: el alma quiere hacer ahora su propia voluntad; al apartarse del mundo, conquista ahora su propio mundo. El alma del adulto adquiere la sabiduría volviéndose niño, inclinándose para mirar una cosa.

Os he señalado las tres metamorfosis del alma: la del alma en camello, la del camello en león y la del león en niño. Así habló Zaratrusta.

Hallábase por aquel entonces en la ciudad llamada La Vaca de Muchos Colores.



El alma del adulto adquiere la sabiduría volviéndose niño, inclinándose para mirar una cosa. ¿En qué otra frase pudo pensar Saint-Exupéry para escribir El Pequeño Príncipe?

Pedro Montalban Kroebel

domingo 8 de junio de 2008

El niño que seguimos siendo.

¿Por qué los escritores estamos siempre buscando al niño que fuimos?



Sin llegar a responder a la pregunta de manera clara, y tras un brevísimo repaso a vuela tecla por la obra de algunos escritores que han tocado el tema de la infancia -Laurence Sterne, Dickens, Louise May Alcott,Tolstói, Cotzee-, concluye Restrepo que "la hora del hijo ha llegado, poderosa, libertaria, libre de deudas con la autoridad, y se ha convertido en una de las marcas de fábrica de la novela contemporánea. Así lo proclaman obras como La invención de la soledad, de Paul Auster; La ley de la ferocidad, del argentino Pablo Ramos; El lamento de Portnoy, de Philip Roth. "

¿Y El Pequeño Príncipe de Antoine de Saint-Exupery?
Sorpendente ausencia, cuando lo que se trata es de analizar literatura cuyo tema es adónde va a parar el niño que fuímos.

¿Se puede decir algo más auténtico sobre la infancia que no haya dicho el autor francés en su cuento?
Una joya, mal clasificada como literatura infantil, de una clarividencia que estremece y cuya lectura nunca me canso de recomendar.

Pedro Montalbán Kroebel

sábado 17 de mayo de 2008

Pequeñas Venganzas

O cómo convertir la decoración de un Centro de las Artes Escénicas en una dulce patada en los mismísimos...

Tiene Torre-Pacheco (Murcia), un magnífico Centro de las Artes Escéncias que acoge una ambiciosa programación cultural. Ambiciosa por abundante en lo que se refiere a conciertos, danza, teatro y exposiciones -sin entrar en mayores valoraciones-. El edificio, contruido recientemente con una moderna estética, dispone entre otros de un luminoso espacio acondicionado para acoger pequeños actos - espacio conocido como Salón del Aire- y al que se asoman, desde un segundo piso como si fueran casas colgantes, las dependencias de la Concejalía de Cultura.

Estas modernas oficinas están totalmente acristaladas, lo que favorece esa sensación de espacio claro, diáfano y luminoso, que da nombe al salón. Decorando la parte baja de la cristalera, a modo de friso corrido, hay grabado sobre el cristal un fragmento de una partitura. Pentagrama, clave de sol y algunas notas ocupan unos cuatro o cinco metros de ancho por aproximadamente uno de alto. Se trata de un elemento decorativo adecuado al entorno y está realizado con buen gusto, lo que contribuye a la elegancia cultural que se espera de un -sacro- lugar como este.

Leída la partitura, para el que sepa solfeo, nos encontramos con las siguientes notas, sol-do-si-re-do-sol-mi-la-fa, la-re-do-si-la-sol-fa-mi. Aunque un artista de la banda sonora escrita, como Montero Glez., hubiera atacado directamente con ta ri ta ri ta ri ro ri ro, ta ri ta ri ro ri ro ra. Claro que si no se tienen conocimientos musicales o se tiene poca sensibilidad musical es mejor pinchar sobre este enlace.

Así es. Se trata de las primeras notas del himno de La Internacional. El himno que ha representado al movimiento obrero; a la mayoría de partidos comunistas y socialistas; y que hasta 1943 fue el himno de la Unión Sovietica. Aunque hoy esté un poco en desuso, su valor sigue siendo simbólico. Casi testimonial.

Y pregunto yo, ¿qué pintan esas notas en la cristalera de un Centro de las Artes construido por un equipo municipal del Partido Popular, que continúa gobernando la ciudad?

¿Se habrán han enterado del regalito envenenado que algún romántico les ha colocado delante de las narices? Se admiten apuestas.

lunes 12 de mayo de 2008

Aniversarios y Amapolas

Creía que la novedad principal de este mes de mayo, como todos los mayos, era la vuelta de las amapolas.
Es un placer salir al campo estos días y comprobar que incluso las malas hierbas tienen su momento de belleza. El viento, la lluvia y el calor, imparables cada primavera, las hacen florecer. Lo que ayer era invisible, hoy es un lienzo salpicado de manchas rojas.

Sin embargo, este mayo las amapolas silvestres –papaver rhoeas- traen un ligero retraso. En su lugar han brotado los aniversarios. No hablo de ninguna especie del reino vegetal. No. Hablo de efemérides, de celebraciones, de cumplir años, de esta especie que con tanto vigor brota en el campo de la cultura. De esa especie que cultivan, obsesivamente, políticos, comisarios culturales, editores de suplementos dominicales y responsables de marketing de la industria editorial.

El juego consiste en escrutar el calendario de efemérides y encontrar cualquier personaje o evento, relacionado con la cultura, que cumpla múltiplos de 10 o 25 años. Si el número es redondo o múltiplo de 100, entonces hablamos de acontecimiento pata negra, aunque no importa demasiado pues valen lo mismo 40, 75 o 125 años.

Este año hemos tenido dos grandes aniversarios.

Por la parte de los acontecimiento internacionales, teníamos esperando los 40 años de Mayo del 68 - ¿por qué no habrán esperado a los 50?-. Han brotado artículos por doquier en todos los suplementos culturales y dominicales. En Francia las librerías se han poblado de títulos. Desde textos escritos por protagonistas de las jornadas parisinas, como Daniel Cohn Bendit (Forget 68), Mathieu Grimpet (Liquider May 68?) y Daniel Picouly (68, Mon amour); a libros divulgativos como Mayo del 68 contado a quienes no lo vivieron de Patrick Rotman; y así hasta más de 80 libros. Cualquier cosa vale, sean libros recopilaciones de fotos y carteles, comics, exposiciones, conferencias y documentales. Cualquier cosa con tal de que contenga las palabras clave: mayo y 68.

Y por aquí, lo que ha brotado, con especial intensidad en Madrid, es la especie conocida como El 2 de Mayo, también llamada Celebremos los 200 años de la Guerra de la Independencia. La lista de eventos es abrumadora. Comenzamos por los fastos organizados por la Comunidad de Madrid ­–6 Goyas 6- al que siguen conferencias y un manipulado debate político que pretende vincular la Guerra de la Independencia al nacimiento de la conciencia nacional española. En el capítulo de libros tenemos la reedición de Los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, La Batalla de Bailén (Emilio Laparra), La Guerra de la Independencia (Enrique Martínez Ruiz), José Bonaparte (Manuel Moreno Alonso), Memorias de Godoy, y así hasta superar la docena de títulos. En teatro, contamos con la puesta en escena de Puerta del Sol, de Galdós en versión de López Mozo. En cine, habemus película de Garci. Y para culminar la exposición Madrid, 2 de Mayo, comisariada por Pérez Reverte. “Más madera, es la guerra”, que dirían los Hermanos Marx.

En unos días, el 68 y el 2 de Mayo, lo mismo que las amapolas, habrán desaparecido. Aunque claro, para deleitarnos con el siguiente festín-aniversario no tendremos que esperar hasta mayo del año que viene. Algo estará tramando ya la industria de la cultura.

sábado 3 de mayo de 2008

300. ¿Quienes son los malos?

Mucho se ha discutido sobre 300, la película de Zack Snyder basada en el cómic de Frank Miller, que recrea la batalla de las Termópilas (480 a.C), en la que trescientos espartanos luchan hasta la muerte contra el poderoso ejército Persa del rey Jerjes I.

No me interesa el estéril debate acerca de su -escaso- rigor histórico. Ni falta que le hace a una película. Jamás una obra creativa ha requerido exactitud de datos para emocionarnos o hacernos reflexionar. Y al hablar de obra creativa tanto da hablar de arte como de industria de entretenimiento. Quien quiera rigor que consulte un manual de Historia, y tal vez, ni siquiera así.

Lo que me interesa de la película es la polémica suscitada por quienes han visto en 300 una velada, o muy explícita, defensa de la sociedad occidental democrática frente a los persas del oriente medio, como símbolo del Islám.

Es cierto que los 300 espartanos, puro músculo hinchado y aspecto occidental, dicen defender la libertad y la democracia, y más cierto es que el enemigo al que se enfrentan, además de malvado, monstruoso y sanguinario, luce turbante y tez oscura. Dos y dos, cuatro. Acostumbrados a la simplicidad a la que nos tiene acostumbrados el cine de entretenimiento madeinusa, la realidad sólo se puede dividir entre buenos y malos, y en este caso no hace falta calentarse demasiado la cabeza, para entender el quién es quién. La identificación es rápida y el mensaje más claro que el caldo de un asilo. ¿Importa que en esa época el islamismo ni siquiera existiera? Esa es, desde luego, una lectura de la película.

Yo, en cambio, planteo la posibilidad de darle la vuelta al calcetín. ¿Por qué no ver a un pequeño grupo de hombres dispuestos a sacrificar sus vidas frente al ejército más poderoso de la época - y todo por defender su civilización, su tierra y sus costumbres? Lo dice el propio rey espartano Leonidas en uno de los escasos diálogos de la película, “unos pocos frente a muchos”. Unos pocos suicidas, pues estos 300 sabían que iban a una muerte segura, frente a una fuerza muy superior. Sí, suicidas enfrentándose al imperialismo. Imperialismo, porque no otro era el objetivo de Jerjes. ¿A alguien le suena este argumento?

No creo que el propósito de Snyder sea hacer apología del suicidio, ni de la resistencia a muerte frente al imperialismo, ni mucho menos, pero su película se presta también a esta lectura. Se podrá argumentar que los espartanos defienden unos valores y que estos son el origen de los valores de las sociedades democráticas occidentales. Una interpretación un poco forzada. Los espartanos en cualquier caso lo que defienden es su tierra frente a la invasión extranjera, resguardan su derecho a vivir conforme a las costumbres que ellos eligen, esa es su libertad, la de preservar la civilización que han heredado. Un actitud, que según quien sea el que cuente la historia, a veces es la de los buenos y a veces la de los malos. Qué forma tan simple de resolver las cosas.

Malditas sean todas las guerras.